Mírame ahora que ha
llegado septiembre,
soy una suicida sin muerte a la vista
y a la expectativa de
la suerte.
Me pregunto qué pasó en abril
si dijiste que no me querías.
Cuántas veces, amor, te has marchado
y yo me he despedido en silencio.
Puedo sonreír un momento
y también llorar.
Estoy llena de versos prófugos
para engañar al ser que vive en mí
(el que no tiene corazón, ni boca, ni esperanzas).
Cuánto nos hemos dañado en este planisferio,
yo llorando un Pacífico y tú evaporando un Atlántico.
Qué tristes nuestros árboles
que permanecen pegados en nuestro lienzo
deshojados, pálidos, febriles.
Habrá que manipular las manecillas del tiempo
irreverentes, para que tengamos veintidós.
Miro ahora a ambos lados, de arriba abajo,
de alguna manera parada entre ambas veredas
que nos separan, que nos envuelven de pena.
Y he encontrado un
sueño
donde bailamos juntos hasta que se esconde la noche
donde todo sucede de manera inmediata.
Es que la ilusión y la verdad, amor,
es que no hay palabras y todo es silencio
cuando dos extraños se encuentran un día
donde uno necesita algo
que al otro le falta
Y el amor, que es solo una palabra,
se convierte en realidad.
Escrito en Septiembre 2011.
